Mahatma Gandhi: “la pobreza es la peor forma de violencia”


Un hombre yace en el paso subterráneo, casi inerte, con los ojos sellados y las sienes palpitantes; a su lado, como en la piedad de Miguel Ángel, una mujer, anciana, quizá su madre, le acoge sobre sus senos y escupe a los caminantes, absortos, ininteligibles plegarias.

Pocos metros más allá un joven reposa, sentado sobre una de sus piernas, contra un muro, en la otra pierna tiene un muñón. Nadie quiere mirar su herida desollada y sanguinolenta, que  ha atraído a una turba de moscas que zumban alrededor.

Mahatma Gandhi, en la frase del título, no se refiere al voto de pobreza, a la humildad (Gandhi decidió ser feliz, y vivir en la austeridad despojado de cualquier bien material no imprescindible, un camastro sobre una tabla gruesa de madera y una tejedora con la que elaboraba sus propias ropas); se refiere a la miseria brutal de la India, la endémica enfermedad de su resignado pueblo, una visión tormentosa que le impedía despegarse de las ventanas durante sus viajes en tren por el subcontinente, que realizó tras el éxito de sus iniciativas de resistencia civil en Sudáfrica.

Los indios llaman a Gandhi “padre” porque consideran que fue el artífice de su independencia de los británicos, sin embargo, esa India libre no fue la que él hubiera deseado: una sola india donde hindúes y musulmanes convivieran como hermanos. Al fin y al cabo, él consideraba que todos rezaban al mismo dios.

Las huelgas de hambre de Gandhi no fueron contra el ejercito británico sino para conseguir el cese de las luchas violentas de los propios indios contra ejército alienígena (como él mismo lo nominó) o en repudia de las masacres entre hindúes y musulmanes que se produjeron antes y después de la escisión de Pakistán.

Los europeos, que han conseguido su libertad tras revoluciones sangrientas y guerras civiles que aún hoy perduran en las memorias de los supervivientes, y de su descendencia, se asombran al leer sobre la revolución de Gandhi: la propia vida como mensaje, un mensaje contra las guerras. “Esta es una causa por la que daría mi vida, pero no por la que quitaría ni una sola vida” respondió preguntado por la independencia.

La peste de un basurero anejo abruma al olfato, huele también a té caliente con leche fresca y a fragantes canutos de canela, a maduros plátanos y pequeñas fresas con motas de tierra, a aromáticas flores y a espesos dulces, a humeante incienso y a chapati recién horneado.

En Hanuman Temple varias personas emprenden diferentes rituales, se colocan pinturas en el entrecejo, tejen pulseras y leen versos de los libros sagrados del hinduismo. Aquellos jóvenes de Connaugh Place fuman LSD en plata sobre futones de harapos en una galería localizada frente a un flamante Starbucks. Un niño (el cabello rasurado revela calvas prematuras y picotazos de chinches) aprende a dar sus primeros pasos sobre las baldosas embarradas y húmedas de chai y de las aguas residuales que emanan por aquí y por allá.

Más sobre Gandhi:

Gandhi, my experiments with truth. Autobiografía.

Gandhi. Espléndida película ganadora de varios Óscar.

 

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2 pensamientos en “Mahatma Gandhi: “la pobreza es la peor forma de violencia”

  1. Muy bien, es cierto, la India de Ghandi es única, con un solo dios, donde hindúes y musulmanes sí reman hacia adelante, pero las esperanzas fracasaron y ahora la corriente se conduce a un destino incierto.

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