Mujeres de la India: sin voz ni váter

Reportaje originalmente publicado en Pikara Magazine.

En la India, 586 millones de personas defecan en el exterior de sus hogares, un 48 por ciento de la población. Este hábito, perpetuado por un lado por la escasez de váteres y, por otro, por un arraigado sistema de creencias, tiene un gran impacto en la vida de los indios, pero sobre todo, en la de las indias. El 70 por ciento de los asaltos sexuales en el Estado de Delhi se producen cuando las mujeres acuden la calle o el campo para utilizarlos como baño.

Beatriz Ocampo / Nueva Delhi (India)

Mujer India Pikara Beatriz Ocampo

Las mujeres que no tienen un sanitario en casa se ven obligadas a esperar hasta que oscurezca o bien salir por la mañana antes del amanecer para buscar un lugar donde responder a la llamada de su cuerpo con cierta privacidad, ya que las que lo hacen a la luz del día son frecuentemente molestadas por los hombres. En estas incursiones en la oscuridad se producen casos de acoso, asaltos y violaciones. Según el doctor Krishan Kumar Arggarwal, vicepresidente de la Asociación Médica de la India, la falta de un sanitario en el hogar tiene consecuencias graves en la salud de las mujeres.

El pasado mes de mayo dos niñas dalit fueron presuntamente violadas por un grupo de jóvenes y colgadas de un árbol. Habían salido de casa por la noche para hacer sus necesidades sin ser vistas

“Las mujeres no están a salvo si no pueden hacer sus necesidades en un espacio cerrado. Si tienen que ir al campo esperan hasta el anochecer para defecar y todos los médicos coincidimos en que es muy importante hacer nuestras necesidades en el momento adecuado y no retener las heces o la orina, porque esta práctica causa multitud de enfermedades”, explica. La situación empeora durante la menstruación, cuando “es muy importante que las mujeres cumplan con hábitos higiénicos”. Sin embargo, la falta de acceso a un baño con agua corriente y a elementos de higiene estériles como las compresas de usar y tirar las deja a merced de bacterias y virus.

Para Unicef India, la principal causa de la perpetuación de esta situación es la falta de empoderamiento de las mujeres en un país profundamente desigual en términos de riqueza, de casta, y, sobre todo, de género. “La mujer no tiene voz para exigir que se instale un baño en su casa”, explica Sue Coates, responsable de WASH (programa sobre saneamiento) de Unicef India. “Hablar de váteres, de defecación o de menstruación es un tabú y las mujeres no se atreven a contar sus problemas, ni siquiera a otras mujeres cercanas a ellas como sus madres o sus suegras”, con las que frecuentemente comparten techo tras contraer matrimonio. “En primer lugar, las mujeres indias deben sentirse seguras de sí mismas para expresar su opinión y, en segundo lugar, necesitan abordar este problema como colectivo, ya que así estarán en una posición más fuerte”, añade.

Primero los váteres después los templos

“Todo el mundo sabe que soy un líder hindú, por lo que mi imagen no me permitiría decir esto, pero es lo que pienso realmente: pehle shauchalaya, phir devalaya (primero los váteres, después los templos)”, afirmó el entonces candidato a primer ministro Narendra Modi en octubre de 2013 en un encuentro con jóvenes. El ahora mandatario, elegido en mayo por mayoría absoluta en el mayor sufragio universal del mundo, ha prometido que instalará una letrina por segundo, o lo que es lo mismo, 5,3 millones de sanitarios en 100 días, un plazo que está a punto de expirar. Las fuentes consultadas se muestran un tanto escépticas sobre la efectividad de esta medida, ya que consideran que el problema no es tanto de suministro como de sensibilización. Unicef India y el doctor Arggawal coinciden en que construir sanitarios es absolutamente necesario pero no pondrá fin a la defecación al aire libre.

“Escuchar al primer ministro hablar de váteres nos indica que la India está cambiando”, afirma Coates, “y su  compromiso por una India libre de defecación en campo abierto es extremadamente importante, no vamos a negarlo. Pero si sólo construimos la infraestructura corremos un peligro: nos vamos a encontrar con váteres no deseados, y que no se va a utilizar ni a mantener. El mantenimiento y la limpieza del váter son críticos y determinan su uso. Si no se mantiene, se ensucia, huele mal y la gente no quiere usarlo, lo hemos visto en escuelas”. Según la experta, es necesario promover un cambio de comportamiento, que requiere de un diálogo profundo con las comunidades, especialmente en las áreas rurales. “Hay que hablar con las madres y las amas de casa sobre los beneficios de tener un baño dentro de casa y de utilizarlo. Si se les hace entender que solucionará sus problemas de privacidad, de salud, de conveniencia, etc. dirán que sí, que lo quieren”, sostiene.

“Educación, educación y educación”, insiste el doctor Aggarwal, “y no se trata solo de conocimiento, sino de motivar a las personas para que cambien sus actitudes y comportamientos. Los gurús de los pueblos y los médicos de todo el país, tienen que formar parte de esta labor”.

Menos riesgo de violaciones 

El pasado mes de mayo dos niñas dalit (la casta más desfavorecida en la India, antes denominada intocable) fueron presuntamente violadas por un grupo de jóvenes y colgadas de un árbol a la vista del pueblo hasta su asfixia en Badaun, en Uttar Pradesh. La investigación del caso, que ha conmocionado a la comunidad internacional, determina que se suicidaron pero sus familias insisten en la violación y asesinato, como ha ocurrido en varios casos anteriores. Las chicas, dos primas menores de edad, habían salido de casa por la noche para hacer sus necesidades sin ser vistas.

La periodista local Namita Bhandare publicó el pasado 17 de junio un reportaje titulado ‘Los váteres no frenarán las violaciones, pero pueden reducir los riesgos’ en el que indicaba que si bien la causa de la violación es el hombre que viola, las largas caminatas de madrugada de las mujeres en busca de un lugar privado para hacer sus necesidades aumentan el riesgo de asalto sexual. “Cuando las mujeres se ven obligadas a buscar privacidad en lugares desolados por la noche o temprano por la mañana, antes de que la gente se levante, se vuelven más vulnerables al asalto sexual. Tener un inodoro en su casa no frenará las violaciones a menos que los hombres dejen de violar. Pero sí mitigará uno de los muchos riesgos a los que se enfrentan las mujeres. Como mínimo, la medida les aportará un poco de dignidad”, explicaba Bhandare. Las cifras oficiales así lo confirman: según una encuesta de las Naciones Unidas el 70 por ciento de los asaltos sexuales en el estado de Delhi se producen cuando las mujeres acuden la calle o el campo para utilizarlos como baño.

Sue Coates, de Unicef, se muestra rotunda: “No podemos simplificar un tema tan complejo y decir que los váteres son la solución a las violaciones, como se ha dado a entender; los inodoros no frenarán las violaciones porque su causa es otra: la desigualdad entre sexos y esta sólo se mitigará si se educa a los hombres para que respeten a las mujeres”.

“Los inodoros no frenarán las violaciones porque su causa es otra: la desigualdad entre sexos y esta sólo se mitigará si se educa a los hombres para que respeten a las mujeres”

Un problema nacional

La India es el país número uno en casos de enfermedades transmisibles. En el resto de las naciones del mundo, incluso en los países llamados en vías de desarrollo, estos males han sido erradicados. Se trata de virus y bacterias que se transmiten por la denominada ruta fecal-oral y cuya causa es la contaminación del agua destinada al consumo con desechos fecales. La erradicación de la práctica de la defecación al aire libre, un hábito que prevalece en las áreas rurales y también en los suburbios de las ciudades, evitaría en buena manera la contaminación del agua corriente.

“Las consecuencias de la defecación al aire libre son la contaminación del agua destinada al consumo humano y la propagación de enfermedades oral-fecales como la diarrea (que es una de las principales causas de mortalidad infantil en niños de cero a cinco años), las fiebres tifoideas y la hepatitis A (en niños) y E (en adultos)”, describe el doctor Aggarwal. Estas enfermedades no sólo elevan el nivel de mortalidad del país sino que aumentan el gasto del sistema sanitario público, ya de por si deficiente. Advertir a la población de los peligros que supone para su salud continuar con la práctica de la defecación al aire libre es un gran reto nacional, una tarea que, según el doctor, requiere de la colaboración de todos: “La financiación debe provenir de todos los agentes, del Gobierno, de las empresas privadas, de las oenegés y de los ricos, que deben pagar por los pobres”.

De acuerdo con los datos de la prensa local, una buena parte de los recursos públicos que deberían haberse dedicado a la educación en el uso de váteres y otras medidas de higiene básicas (un 13 por ciento de total de los recursos es dedicado a saneamiento, según lo presupuestado para los años 2014 y 2015) se han perdido por el camino. Los Gobiernos estatales deben justificar un correcto empleo de los recursos antes de recibir nuevos fondos; en otros casos documentados, sencillamente, el Gobierno central se quedó sin fondos antes de que se completasen los programas.

Creencias que matan

De acuerdo con la religión hindú, a la que está adscrita aproximadamente un 80 por ciento de la población india, los residuos deben depositarse lejos del hogar, y esta creencia, arraigada en la población más pobre y rural, incluye a los que genera el propio cuerpo humano. Sólo las personas de la casta dalit pueden tener contacto con las heces humanas y por eso ellas son las encargados de limpiar los campos de los desechos, que trasladan en cubos sobre sus cabezas.

Los habitantes de la India rural y los que tienen un menor nivel educativo son los más reticentes a instalar y utilizar un váter, aunque lo subvencione el Gobierno. “No considero que se trate de una cuestión religiosa sino de mera falta de información”, puntualiza Sue Coates.

El Producto Interior Bruto de la India aumenta a una tasa interanual por encima del 4 por ciento, un ratio que sería la envidia de cualquier país occidental. En términos macroeconómicos, la India es uno de los países más prósperos de los denominados BRICS (acrónimo que incluye Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, las nuevas potencias económicas). Sin embargo, su rápido ascenso económico no ha revertido en el bienestar de una parte de su población. Más allá de las cifras, topamos con la realidad cotidiana: la pobreza y la desigualdad.  El 48 por ciento de la población no tiene váter.

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